sábado, 30 de julio de 2011

El Lápiz

¿Hace cuánto que no sostenía un lápiz? (si, uno de esos amarillos).
En realidad no lo sé.
En la facultad me dedico a escribir con tinta, me vuelvo más romántica con mis tareas y las hago a máquina de escribir, ante ustedes me expreso en pixeles y ahí paro de contar.
Casi todo lo que escribo queda grabado en la memoria de una computadora cuya palabra de honor vale un comino (una escritora no debería correr tal riesgo) y es por eso que regreso a las andadas, regreso a mi ictérico y antiguo compañero, frágil y de punta voluble pero siempre dispuesto a ayudar... mi lápiz (del número 2 por supuesto ;D).
Siento confianza en él, creo que nos acoplamos muy bien; a veces pienso que él me escogió a mí en realidad (si, así igual que una varita en Harry Potter) y ese punto de vista me gusta aunque me quite el crédito.
Cuando escribí esto en mi libreta (de la cual estoy trasladando al blog) mi lápiz y yo solo teníamos un altercado, su delicada y masoquista punta de grafito, y es que, si a mí no me gusta escribir tan grueso y si supongo que a él no le gusta la tortura de la navaja... ¿Por qué dura su entusiasmo tan poquito?
No quiero ahora sonar ingrata. Amo estos momentos que tenemos de intimidad, adoro que mis ideas salgan en tonos grises pero, la verdad, ya me cansé de cortar mis momentos más inspirados sólo para ponerlo a afilar.
Gracias querido lápiz, hasta la próxima vez ( Cuando tenga menos ideas o quizá más prisa).

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